Cualquier ser vivo con una alimentación equilibrada tiene muchas más probabilidades de estar sano y presentar una mayor resistencia a las enfermedades. Eso vale tanto para el reino animal como para el vegetal.
Por este motivo resulta fundamental que nuestras plantas reciban, a lo largo del ciclo de cultivo, todos los nutrientes minerales necesarios para su metabolismo, y llevar a cabo de este modo las funciones vitales que de ellas esperamos con la menor afectación posible de plagas y enfermedades.
Es de todos conocido que una nutrición mineral equilibrada se compone de una serie de elementos clasificados como macronutrientes primarios –nitrógeno, fosforo y potasio- y secundarios –azufre, magnesio y calcio-, así como microelementos –hierro, zinc, manganeso, cobre, boro, molibdeno, cobalto, cloro..-. Todos ellos son igualmente importantes –de ahí la Ley del Mínimo-, si bien en distintas cantidades.
Pues bien, todos estos nutrientes minerales, participan de un modo u otro, con mayor o menor protagonismo, en el metabolismo de generación de fitoalexinas en las plantas, sustancias éstas que serían el equivalente a los anticuerpos en los seres humanos, y que son las responsables de inducir resistencia ante ataques exógenos de agentes patógenos, los cuales suelen presentarse bajo determinadas condiciones edafo-climáticas y sobretodo cuando las plantas están mal nutridas y, en consecuencia, débiles.
Asimismo, aplicaciones de algunos elementos específicos tienen especial relevancia en aumentar la resistencia de las plantas a enfermedades; es el caso del fósforo en forma de ion fosfito (cuyo uso está de hecho más justificado como fungicida que como nutricional), y tambien de Calcio y Potasio, cuyo adecuado contenido y equilibrio proporcionan la resistencia y turgencia necesarias a la pared celular de la dermis de hojas y frutos, contribuyendo decisivamente a la prevención de ataques fúngicos.
Finalmente, no debemos olvidar que esta prevención derivada de una nutrición equilibrada no se da sólo en condiciones de campo, sino que tambien tiene un impacto directo sobre la vida de anaquel de los frutos y hortalizas, así como en sus características organolépticas –parámetros de calidad- y, en consecuencia, en la comercialización de las mismas. |