Del conjunto de frutas que consumimos en la actualidad, los orígenes (centros genéticos) son diversos geográfica y climáticamente. De Asia Menor y Este del Mediterráneo proviene el olivo, de Asia Media el manzano, el naranjo del sudeste asiático, el mango de la India, la macadamia de Australia, y así con un sinfín de frutos y orígenes. Estos centros genéticos se engloban principalmente en dos grandes zonas especialmente relevantes en fruticultura; la zona tropical y la zona templada.
La zona tropical se sitúa entre los dos trópicos, el de capricornio al sur, y el de cáncer al norte. Esta zona se caracteriza climáticamente por su uniformidad a lo largo del año, con temperaturas cálidas y poca variación entre la duración del día y la noche a lo largo del año.
Por su parte, la zona templada se ubica en franjas al norte y al sur de la zona tropical, hasta unas latitudes alrededor de los 50º (norte y sur). El clima en esta zona presenta variaciones significativas en temperaturas y duraciones del día y la noche a lo largo del año.
Sin embargo, el manejo de los frutales no puede generalizarse para zonas tan amplias como las descritas anteriormente. En ocasiones ni siguiera reduciendo el área a regiones más concretas como por ejemplo la que engloba el clima mediterráneo.
La realidad nos presenta localidades cercanas geográficamente pero con diferencias climáticas que hay que tener muy en cuenta en el manejo de los frutales. Los microclimas, efectos del relieve, cercanía a cursos de agua etc. condicionan el entorno climático y por lo tanto el desarrollo de los frutales.
De este modo, los frutales se encuentran en multitud de países y regiones, a menudo a miles de kilómetros de su centro genético, y su manejo deberá tener en cuenta no únicamente su origen y el clima general de la zona, sino todos aquellos aspectos más locales que pueden afectar el rendimiento que el fruticultor obtiene de su cultivo. |